La derecha utiliza la memoria de Miguel Hernández, poeta del pueblo, para hacer demagogia partidista
Un supuesto poeta de derechas utiliza un homenaje a Miguel Hernández para escribir un libro en el que aprovecha para atacar a Zapatero y la izquierda y ensalzar de paso a (¡glups!), Esperanza Aguirre como supuesta salvadora de España (apañaos vamos). El homenajeador, un tal Miguel Barcala, se olvida intencionadamente de que su homenajeado, uno de los más grandes poetas españoles del siglo XX, murió encarcelado por sus ideas comunistas y que él, autor de unos ripios infames que podría hacer cualquier estudiante de ESO, si hubiera vivido hace casi setenta años estaría al lado de los carceleros y no del del poeta al que pretende rendir tributo. Claro que el homenaje es sólo una excusa infame para que el ayuntamiento de Orihuela, gustosamente, le financie un libelo que pretende ser poético pero que no es más que una sucesión de exabruptos contra la izquierda, Zapatero, la Memoria Histórica, etc. Una bazofia que habría asqueado al gran poeta alicantino.
Que ningún reaccionario se aproveche del nombre de Miguel Hernández para soltar basura. ¡QUE NADIE MANCHE SU MEMORIA!
Vientos del pueblo me llevan
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.
No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?
Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.
Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.
Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
Miguel Hernández





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